martes, 20 de mayo de 2014

la memoria histórica: un proceso de comunicación colectiva hacia la paz


La memoria histórica es un proceso de construcción social e individual de cada una de las personas, y son “Recuerdos mitificados que nos ayudan a deslumbrar el pasado…” (COLMERIO, 2005) por eso la importancia que tiene esta para la identidad, tanto personal como en sociedad.

También es un hecho que la memoria histórica es un método por  el cual los seres humanos reconstruyen su vida en sociedad, de allí, del recuerdo en comunidad, se empieza a crear lazos entre pares y es allí donde “la propia naturaleza de la memoria histórica,  solo se puede dar dentro de un marco colectivo” (COLMERIO, 2005)


Haciendo de la memoria histórica una metodología para la reparación y reconciliación de víctimas del conflicto. Reconstruyendo dicha memoria en comunidad  para que sea conocida y divulgada, con la intención de la no repetición, como lo dice Napoleón  “el que no conoce su historia está condenado a repetirla”.



Para Willy Alexander Flórez, Concejal del Municipio de San Rafael se hace necesario que las nuevas generaciones de éste municipio conozcan las violaciones de los derechos que se cometieron allí, con el fin de que la época de violencia, entre los años 1997 y 2004 no se repitan.

Considerando de gran importancia que en el municipio se constituya la memoria histórica, para divulgar estos hechos violentos ya que este municipio no es reconocido por estas vivencias.


“Muchos de los que habitamos estos  territorios somos producto o hijos de la violencia, por ello se debe contar su historia y brindar la posibilidad, de aquellos que fueron testigos de esos actos violentos, puedan resaltar la tenacidad y la valentía para continuar pese a las necesidades y el dolor, además dejar un legado de paz.” Invitando a la comunidad en general a contar su historia, a perdonar mas no olvidar, a reparar estas víctimas de un conflicto ajeno y que con sus voces se enaltezca esta memoria de guerra y perdón. 


















martes, 13 de mayo de 2014

San Rafael se rapara en la feria integral de servicios: Indemnizaciones Transformadoras





En el municipio de San Rafael ya se están desarrollando las primeras ayudas económicas por parte del Estado en la reparación de víctimas del conflicto armado. Llevándose a cabo la feria Integral de Servicios Indemnizaciones Transformadoras.

En esta feria la población víctima del conflicto armado es la benefactora de este proyecto pues recibieron reparaciones económicas por parte del gobierno, con un total de 2.025 cartas de indemnización, por un valor de $8.829.632.948.
Además, se ofreció a la población la posibilidad de acceder a la oferta de educación, adquisición y mejora de vivienda, proyecto productivo, ahorro y crédito. 

“La Feria hace parte del programa de acompañamiento para la inversión adecuada de los recursos, una iniciativa de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, que busca que la medida de reparación económica impacte positivamente a las personas y se traduzca en mejores condiciones de vida para la población”, dijo el director Territorial de Antioquia de la Unidad para las Víctimas, Jorge Mario Álzate.

Este acompañamiento por parte del estado  se hace necesario en esta reparación, pues en muchos casos los victimarios intimidan a las personas beneficiadas para hacer entrega de estos subsidios e incluso se infiltran y suplantan identidades haciendo que las victimas entreguen sus documentos para ser ellos quien reciben estas ayudas. Así lo denuncio la unidad de víctimas de la alcaldía de Medellín.

Escuchemos a continuación la opinión de Jesús Eduardo Urrea Monsalve, ex-alcalde y habitante del municipio de San Rafael.

Lágrimas de un funeral que nunca existió

Esta historia no nació en este valle de color ladrillo. Esta historia nació en un valle de verdes montañas salpicadas por la sangre de hombres, mujeres y niños indefensos ante la ferocidad de la guerra.

Martha Osorio llegó a Medellín hace 26 años. Es oriunda de San Rafael, un municipio ubicado al oriente de Antioquia. Donde la guerra reclamó la vida de personas culpables de callar y ocupar la tierra donde nacieron. “no es justo que ellos lo mataran porque no quiso entregar las escrituras de la finca que era de nosotros, lo que habíamos heredado de sus padres, recién él me había tomado en santo matrimonio”

Doña Martha es otra víctima de la guerra que existe en Colombia desde hace 50 años. Una lucha del poder imperioso del Estado contra el llamado ejército del pueblo, la guerrilla. Esta es otra historia para sumar a las tantas que se escriben en la prensa, las que narran los noticieros y que han llegado incluso a la pantalla grande.

Estoy en la estación San Antonio del Metro de Medellín, ya he recorrido 4 estaciones desde Caribe. Es jueves y son las 8:15 p.m. me dirijo a la 70 porque en aquel lugar tengo una cita con Osorio. Ella me espera en la esquina donde la conocí hace 40 noches. Con 50 años esta mujer no desfallece ante la dureza de la vida. Sabe de economía y derecho civil, no los estudió pero sí sus dos hijos Andrés y Mauricio. Andrés, el menor, le ayuda con las cuentas de su negocio de comidas rápidas, está en el último semestre de contaduría pública en la Universidad de Antioquia. Mauricio es abogado de la misma universidad y lleva el caso más importante de sus vidas, la muerte de su padre.

Asesinado por las balas que salían de la recámara de un fusil AK47, disparado por un guerrillero que solo recibía la orden de su comandante. Fue en la madrugada, de rodillas y mirando con dolor a su esposa que no sabía por qué tenía que ser él. Corriendo y esquivando la muerte Marta y sus pequeños tuvieron que salir de allí la madrugada del 24 de febrero de 1996 con los harapos que llevaban puestos. Dejar la finca, los cultivos de maíz a punto de cosechar, las vacas, las gallinas, dejar el cuerpo sin vida de Carlos Andrés Valencia Rojas.

Son las 9.05 p.m. y estoy  caminando por la acera de la 70. A lo lejos veo a doña Martha moviéndose rápidamente entre sus clientes y con una sonrisa que borra la desgracia que intenta reducir su vida del pasado. Una adorable mujer que aún conserva su estirpe de campesina aunque la ciudad quiera robarle la ilusión de terminar sus días en el pueblo donde nació esta historia. 
    
Me acerco a su carrito de comidas y de inmediato me recuerda sin saber que esta noche voy en busca de sus palabras. Solo me dice: “joven bien pueda siéntese, que bueno volverla a ver por acá”. En aquel momento me siento como uno de sus clientes. Solo había ido una vez y ella ya me recordaba.Entonces, le hice una pregunta que no estaba en mi libreta de apuntes. –doña Martha: ¿usted cómo hace para estar siempre tan alegre? No dudo en responder: “¡solo Dios sabe mi muchacha!” Así di comienzo a la entrevista o más bien a la oratoria del sufrimiento. 

Dejé la grabadora en el bolsillo de mi chaqueta para no intimidarla, en mi mano solo tenía la libreta y un lápiz fingiendo que todo lo escribía. Pero lo único que hice fue escuchar la historia de su vida.
La sonrisa que cubría su rostro desapareció con la remembranza de aquella madrugada y las noches calladas que le sucedieron. En su mente reposa la figura de su esposo Carlos, una persona trabajadora, excelente esposo, gran padre y por supuesto todo un buen mozo como ella misma lo describe dejando escapar un suspiro entre lágrimas.

“llegar a Medellín sin un peso, con hambre, sin donde dormir y con dos niños me hizo pensar que la vida no valía nada y la única solución era morir. La desesperación de llegar a una ciudad desconocida. Es que fueron varios días, sentada en una esquina de la Avenida Oriental con la Playa. Durmiendo entre costales, cartones y con el dolor de saber que no podía regresar a mi tierrita porque correría la misma suerte de mi querido Carlos. Esa maldita guerra se llevó mi vida.”

Me detengo y enciendo un cigarrillo; traigo a mi mente las historias que escuché en la radio, las noticias que leí en la prensa y los rostros de las familias campesinas que se hacinan en el centro de la ciudad como mendigos. Imagino a Martha frágil a la intemperie de la inocencia y a la espera de encontrar cualquier oportunidad para darle una vida digna a sus hijos.

“Era de noche, desperté en medio de la lluvia en una calle del centro, Andrés y Mauricio lloraban ardidos en fiebre. Entonces me di cuenta que los niños se me estaban enfermando de aguantar hambre, de dormir entre cartones y expuestos al frio. Los cogí y arranqué con ellos para la clínica Medellín, donde me atendieron a las 8 de la mañana del día siguiente y cuando la fiebre ya les había bajado. Pero por lo menos estaban en un lugar seco y cálido”  

Esa mañana la vida de Martha y sus niños pasó de un extremo a otro. En el momento para mal, pero ahora ella agradece por lo que le hicieron. Cuando salía de la habitación donde quedaron los niños hospitalizados porque ya estaban a punto de desnutrirse, era abordada por representantes del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. “señora: sus hijos están ahora bajo la protección del Estado”. Solo eso le dijeron sin preguntar por qué estaban en esas condiciones, sin saber que Martha era una mujer víctima del desplazamiento forzado y sin tener en cuenta lo que iba a ser de ella.

“yo sabía que los querían proteger y cuidar, pero no podía entender lo que pasaba y solo quería tenerlos a mi lado. Yo gritaba y lloraba como lo hice la madrugada en que mataron a mi esposo. Pero no pude hacer nada, ¡ellos me los quitaron!”.

Andrés y Mauricio volvieron con su madre el 10 de Noviembre de 2005. Ocho años después cuando un fallo de la corte le dio nuevamente la custodia de sus hijos. Para lograrlo trabajó muy duro, porque desde el día en que ellos quedaron bajo la protección del Estado buscó trabajo durante meses hasta que conto con la suerte de poder trabajar haciendo oficios varios en una casa de familia al norte de la ciudad. Vivía en una piecita del barrio Santo Domingo, donde llegan la mayoría de familias desplazadas de todo el Departamento.

“Poco a poco logré salir adelante. Cuando me quedé sin trabajo porque los Sepúlveda se fueron a vivir a Cali yo tenía mis ahorros y ya estaba viviendo con mis niños en Copacabana, donde todavía vivimos. Así que con una vecina montamos este negocio. De aquí le he dado estudio a mis muchachos, compré mi casa y ahora más que nada me da para darme unos lujitos porque ya mis hijos me mantienen como una princesa. –diciendo esto con una risa irónica, como si hubiese olvidado lo que me acababa de contar- ellos dicen que trabajo porque quiero, pero no puedo ser desagradecida con Dios y debo seguir trabajando hasta que llegue la hora de ir a acompañar a Carlos.

Cuando la violencia ceso en el Oriente de Antioquia, Doña Martha, Andrés y Mauricio volvieron al municipio de San Rafael y en el cementerio encontraron la tumba de Carlos, el esposo y el padre que se marchó al cielo sin que la vida les diera la oportunidad de despedirse de él y ni siquiera de decirle que lo amaban. Las lágrimas derramadas en un funeral que nunca existió y el duelo que viste de luto el corazón. 

martes, 29 de abril de 2014

Reconciliación y perdón: método para alcanzar la paz


Hablar de reconciliación es hablar de perdón, pues esto implica al ser humano abandonar sus odios, generar confianza, dialogar y conciliar  con quienes fueron sus victimarios. Esto implica construir memoria y reconstruir tejido social, transformando una sociedad atrofiada por el terrorismo, degradado por la violencia armada, política, económica y social; una sociedad que pide a gritos  igualdad, respeto, equidad, verdad, justicia, reconocimiento y participación.

Sin embargo no es fácil hablar tranquilamente de estos temas, pues escuchando opiniones e intercambiando juicios sobre estos, se puede evidenciar cuan diferentes y profundas son nuestras discrepancias, que tan complejo es para el ser humano entenderse entre sí y llegar a un  acuerdo mutuo. Lo que parece imposible en un país desangrado por un conflicto de cinco décadas, que acaba de superar la cifra de seis millones de víctimas que reclaman reparación; son fuertes las expresiones e implicaciones que generan el terrorismo, entendiendo este como todo tipo de violencia  a los derechos humanos.

Pero la reconciliación no es sólo de víctimas y victimarios, “ellos son los más cercanos, los más propicios a la reconciliación. En cambio otros miles, millones de ciudadanos colombianos, no entienden que la reconciliación también los debe encontrar a ellos (…) Lo más complejo para muchos es aceptar que son indiferentes, porque piensan que no han tenido relación con la violencia en nuestro país. Creo que esos ciudadanos, que ven esa violencia en otros, deben generar una auto crítica en el sentido de si esa indiferencia ha sido parte de lo que ha originado la violencia en otros…” Manifestó el alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria Correa.

La reconciliación solo es viable con la participación de todos: autoridades (locales y regionales), victimas, victimarios; la sociedad en general. La construcción de reparación de victimas debe hacerse de acuerdo a las necesidades y conflictos de cada territorio, y a su vez tejer redes sociales que unan estas diferentes comunidades en un solo propósito: la reconciliación. Estos son algunos de los propósitos que cumple el Proyecto de Reconciliación Colombia, iniciativa de la sociedad que busca abordar estos temas de reparación y reconciliación, pensando en la participación de todos los colombianos.

Según Ximena Botero, coordinadora del proyecto, existen métodos que componen estos procesos de reconciliación, estos son: “la reconstrucción de confianza y tejido social,  la memoria, la cultura y la tradición, el empoderamiento, el retorno, las nuevas generaciones y las mujeres, que son quienes están liderando la mayoría de los procesos de reconciliación en todo el país. Ellas juegan un papel fundamental porque la familia es necesaria para iniciar un proceso de reconciliación”.

El principal objetivo de esta reparación de víctimas y victimarios es fomentar la conciencia colectiva sobre la importancia de apoyar y generar estrategias de reconciliación, comprendiendo de tal modo, que este es un proceso de todos los ciudadanos y no solo de los directamente afectados. Además, demostrar a través de vivencia reales que sí es posible la reconciliación, creando redes de trabajo entre las diferentes comunidades para compartir historias y facilitar la transferencia de conocimientos entre estos.  


El aporte empresarial


FOTO MANUEL SALDARRIAGA, tomada de El Colombiano.com

En el primero de cuatro encuentros regionales de Reconciliación Colombia, que buscan la reconciliación nacional como aporte a la búsqueda de la paz, realizado en Medellín el 13 de febrero de 2014, se debatió el hecho de que las empresas privadas deberían asumir este reto de la reconciliación y aportar en la búsqueda de la paz en el país, comprometiéndose más allá de la responsabilidad social.

A esto, coincidieron varios dirigentes empresariales como David Bojanini, presidente del Grupo Sura, quien afirmo: “la paz no se firma, sino que se construye”. Y para lograr ello es necesario que las empresas promuevan el desarrollo social.

Manuel Palacios, representante de víctimas del conflicto armado advierte: “las empresas no pueden continuar acumulando riquezas como ha pasado en Colombia, mientras abundan las necesidades y la pobreza a su alrededor y a pocas cuadras de sus plantas”
  

Las empresas pueden hacer un gran aporte y no solo desde lo social, estas también puedes ayudar a facilitar procesos de infraestructura (vías, hospitales, escuelas etc.).

¿Por qué es importante la reconciliación para la paz?


La reconciliación es el camino hacia la paz. Las personas desmovilizadas ya tomaron la decisión más importante de sus vidas y ahora necesitan una oportunidad para demostrarlo.

te invito a ver el siguiente vídeo, allí entenderás el porque es importante esta reconciliación y reparación de victimas. 




Reintegración ACR, tomado de Youtube.com




BIBLIOGRAFÍA

G., J. C. (13 de febrero de 2014). Reconciliación: antídoto para la violencia. El Colombiano.

Centro Nacional de Memoria Historica. (Noviembre de 2013). DESAFÍOS PARA LA REINTEGRACIÓN Enfoques de género, edad y etnia. Bogotá D.C-Colombia: Imprenta Nacional.









martes, 22 de abril de 2014

Su cara irradiaba crueldad, unos verdaderos monstruos llamados guerrilla

En Colombia se llenan  la boca hablando de derechos, pero derecho a qué, si no que decir de Yorlady Urrea Gonzales, una niña de tan solo 9 años a la cual le toco salir huyendo de su casa por culpa del conflicto armado.

Esto la llevo a truncar sus sueños y esperanzas de vivir feliz junto a su familia en un ambiente lleno de tranquilidad y días esplendorosos con su fresca primavera, rodeada por flores con olor a Jazmín, ríos caudalosos de aguas cristalinas; donde todas las tardes solía descansar y soñar a ser grandes junto a sus hermanos, amigos y vecinos, pero en eso quedo, en un lindo y maravilloso sueño.

Hoy nada de esto existe, en consecuencia se encuentra sumergida en una ciudad de pocas oportunidades tras convertirse en una más de las desplazadas del país, ella como otros desplazados han amanecido con la esperanza de que hoy esa puerta a un mejor futuro si se abra, así mismo los dineros y las ayudas que promete el Estado, por radio y televisión, lleguen hasta sus vidas y de alguna manera terminen con su odisea. 

Cierto día se encontraba en su hogar, una gran casa de bareque con un jardín que rodeaba el frente y en las inmediaciones se encontraba una “ramada”, en la cual se hallaba un trapiche para moler cañas de azúcar, unos de los predios más grandiosos de la vereda, con unas 50 hectáreas repartidas para ganadería y cultivos de café, caña de azúcar entre otros; por ende, todas las madrugabas desde las dos su padre y demás trabajadores, comenzaban su jornada hasta que cayera el ocaso e incluso algunas veces no lograban cerrar su ojos por la ardua labor que esta implicaba.

Una de esas largas jornadas de duro y arduo trabajo se escucho por primera vez aquellos pasos agigantados acercándose hacia sus tierras, unas sombras oscuras, con trapos en su cara que a duras penas les permitían respirar, unas sombras engañosas vestidas de militares y armadas hasta los dientes, quienes con sus voces amenazantes solo pedían un plato de comida; “Poco a poco estas sombras pasaron a ser parte de nuestra familia”, puesto que estos jinetes de la muerte continuamente llegaban a comer, a lavar ropa e incluso a bañarse como lo hace “Pedro por su casa”; a esta edad, Yorlady no conocía la maldad por lo cual los consideraba soldados del Estado; no entendía porque su madre le prohibía el trato con estos individuos y porque al llegar ellos la hacían esconder bajo las camas. 

El nueve de agosto entre labores del campo y quehaceres del hogar aquellas sombras oscuras por fin mostraron su rostro, en su cara irradiaban crueldad, unos verdaderos monstros llamados guerrilla, los cuales instalaron dos cargas explosivas en la torre de energía, la cual quedaba a unos 100 metros de su casa, con tres kilos de pentonita en cada carga, se escuchó un terrible y estrepitoso estruendo, las cargas habían sido detonadas; en medio del shock y el aturdimiento causado por la explosión, ella salió corriendo junto a su padre a esconderse a ese fétido horganal, bañado por el estiércol de los marranos y el pantano de las lluvias. amedrentados, desde allí observaban como las torres se desvanecían lentamente junto a sus esperanzas, apagando luces, luces de anhelo quizá difíciles de volver a encender en medio de esa lucha incansable por obtener el poder, viendo correr a esos monstruos con sus rostros llenos de felicidad por el golpe dado. 

Ni ella, ni su familia sienten que sean culpables de nada, pero sin querer estaban inmersos en medio de las balas, en medio de esa disputa territorial por la posesión de tierras, por parte de los grupos armados al margen de la ley, que a su paso deja victimas, que por lo general son poblaciones de origen campesino.

El miedo de estar inmerso en una guerra ajena no fue suficiente para detenerlos, pero fue ese 12 de agosto, cuando los paramilitares y sus fusiles definitivamente amedrentaron su mundo y tranquilidad, a eso de las 5 de la tarde tocaron a su puerta, al abrir se dieron cuenta que eran esos temibles jinetes de la muerte, quienes sin más ni-menos con el pretexto de ser ayudantes de la guerrilla les dieron tres horas para despojar el lugar; de  no ser así, serian aniquilados “del miedo salimos corriendo con lo que teníamos puesto. Bajamos al pueblo caminando en dos horas, no sé cómo hicimos, pero del susto uno solo piensa en llegar y pues la vereda del pueblo queda a tres horas”,  Asevero Yorlady.

Diecisiete años han pasado y Yorlady, sigue esperando algún día volver a esas tierras donde parte de su infancia vivió con sus amigos y hermanos entre juegos y alegrías hasta ese factible 12 de agosto, pero eso será imposible “Mi padre desesperado por la desunión familiar y la falta de ingresos; prácticamente regalo el terreno”.  A Gustavo antes del desplazamiento, un señor de la vereda le ofrecía 90 millones de pesos por la finca, y en medio de ese desespero la vendió en 15 millones. 

martes, 15 de abril de 2014

Vivir para recordar

Marcha de solidaridad con las víctimas.



el 15 de abril del 2014 se llevo a cabo en el municipio de San Rafael una marcha conmemorativa a las Victimas de la violencia, en ella participaron centenares de personas, familiares y amigos  recordaron  a sus seres queridos victimas de este conflicto.

Esta actividad  se llevo a cabo desde el monumento a las victimas, ubicado en el barrio balsas y creado en el año 2000 con el fin de plasmar los nombres de las personas muertas en el periodo de guerra que vivió el municipio entre los años 1998 y 2004, para así recordar su historia y no permitir que este tipo de actos vuelvan a suceder . Dicha movilización culmino en el parque principal donde se celebro una eucaristía y un acto simbólico con un mensaje de perdón y reconciliación, generando así muchos sentimientos entre los asistentes al evento.

En el parque principal se ubicaron carpas y sillas debajo de estas, con el fin unico de realizar una tertulia, donde algunas victimas se sentaron a contar sus historias y lo mas importante como ha sido ese proceso de superación y recuperación de tanto dolor, entre ellas albiryam henao, una joven que a pesar de las adversidades causadas aun maneja un ímpetu de alegría y simpatía, con una sonrisa ensollosada empieza recordar  el día en que la guerrilla le arranco de su lado a su padre, su madre y su hermano, cuando fueron brutalmente asesinados por parte de estos grupos armados. aún no comprende porque se los arrebataron, dice que los perdono pero no olvida aquel triste episodio. 

para ella, esta fecha siempre va a ser motivo de tristeza, pues recuerda sus familiares y aquel 18 de octubre  cuando ya no volvieron a amanecer a su lado, pero también se alegra pues este monumento y esta marcha congelaran el lindo recuerdo que le queda de ellos, dando a conocer su historia y pedir una vez mas  que no se siga violentando la vida de tantos seres humanos inocentes, victimas de un conflicto ajeno y que sin embargo tienen que padecer.




Al finalizar el evento se diseño un humilde y hermoso mantel de retazos, haciendo alusión a las mil y una historia que se tejen sobre el conflicto, plasmando allí los nombres de  personas, en homenaje a las victimas de la cruel guerra que vivió este municipio San Rafaelita, por culpa de los grupos armados ilegales.

" la justicia es lenta, pero cuando llega, llega con todo el peso para todos los responsables de todos estos crímenes"

martes, 8 de abril de 2014

Antecedentes históricos del municipio de San Rafael 

Ubicado en la subregión de embalses del Oriente Antioqueño se encuentra el municipio de San Rafael, con una extensión de trecientos sesenta y dos (362) km2, y con una temperatura que oscila entre los 17 a los 23°C,  limita por el norte con los municipios de Alejandría y San Roque y por el sur con San Carlos.  Su economía basada en: agricultura (caña, frijol, maíz, café y frutales), minería y turismo; además cuenta con centrales hidroeléctricas que abastecen parte del territorio antioqueño (central hidroeléctrica de playas y jaguas)

El área rural está conformada por 54 veredas, agrupadas a su vez en 10 centros zonales y su población total oscila aproximadamente entre los 13,696 habitantes, distribuidos en 7.198 habitantes en el área rural y 6.498 en su cabecera municipal. conocer más sobre el municipio

A partir del año 1998 y hasta el año 2004, la comunidad San Rafaelita  sobrellevo una violencia desmesurada por parte de cuatro frentes guerrilleros de las FARC y el ELN, cinco batallones del ejército y tres bloques de las autodefensas, quienes se enfrentaban a muerte por la posesión de tierras del municipio, conllevando a la masacre indiscriminada de habitantes de la población. Estos sostenían enfrentamientos con el ejército en sus zonas rurales, matando a los pobladores que consideraban informantes de estos grupos insurgentes.


“Esto algún día se va a poner como en el Urabá”. Era el rumor que se escuchaba en las frías sabanas del oriente antioqueño a mediados de los años noventa. Poco tiempo después esta región, una de las más prósperas de Antioquia -por su potencial hidroeléctrico- se convirtió en una convulsa zona donde todos los grupos armados se disputaban el territorio y la población a sangre y fuego.[1]

En este periodo de violencia se derramo mucha sangre de víctimas inocentes, las masacres y asesinatos se acrecentaron dejando cuerpos en medio de los caminos, carreteras, calles y aceras de la localidad, método empleado por estos grupos para infundir terror en el municipio, pretendiendo así obstruir la colaboración de los habitantes con el ejército; para lograr apoderarse del municipio.

Jesús Eduardo Urrea Monsalve, Ex-alcalde del municipio recuerda aquel 20 de junio de 1998, cuando un helicóptero sobrevoló San Rafael, San Carlos y San Francisco, lanzando volantes que decían: “Aquí estamos y vamos a disputarle la zona a las FARC”.

Además de asesinatos, otra manera de guerra ejecutada en el conflicto armado por parte de estos grupos fue la desaparición forzada, que luego de ser torturados y obligados a entregar cualquier tipo de información y escrituras de sus terrenos, eran desplazados o asesinados y sepultadas en fosas comunes.

Por consiguiente, el conflicto armado obligo a esta población a huir hacia diferentes municipios del departamento o hacia las grandes ciudades, donde estos debieron enfrentarse a condiciones lamentables, padeciendo hambre y viviendo en precarias condiciones, iniciando un nuevo estilo de vida, transformando su cotidianidad del diario vivir. Según cifras oficiales, en el año 2002 cerca de 1.040 personas se desplazaron de San Rafael.











[1] Verdad abierta.com/Bloque Metro

martes, 1 de abril de 2014

Contexto del Oriente


El oriente de Antioquia está conformado por 23 municipios en total, entre los cuales se encuentran: Abejorral, Alejandría, Cocorná, El Carmen de Viboral, El Santuario, Guarne, Guatapé, La Ceja, La Unión, Marinilla, Peñol, El Retiro, Rionegro, San Carlos, San Francisco, San Rafael; entre otros.  Esta región hace un gran aporte a la economía y desarrollo del departamento de Antioquia, ya que posee una gran riqueza hídrica, debido a la abundancia de aguas que los rodean, pero aun así, el 49% de esta población se encuentra con altos índices de pobreza, particularmente los habitantes del oriente pertenecientes a la zona de embalses.[1]

Estos municipios no solo vivieron con la pobreza, a esto se le sumo una época de violencia, olvido y abandono estatal, debido a que a comienzos de los años ochenta estos municipios empezaron a adquirir mayor importancia económica, una alta diversidad de producción con la agricultura, la ganadería, la explotación minera y un fácil corredor hacia los departamentos vecinos, factor que determino la localización de grupos al margen de la ley, lo cual contrajo  a una gran disputa de esta zona con el Estado.
La mayor actividad registrada por parte de la guerrilla fue hacia finales de los años ochenta, la cual coincidió con la expansión de las autodefensas desde el Magdalena Medio hacia el oriente lejano. [2]

Por consiguiente,  la irrupción de nuevos grupos al margen de la ley desata una guerra por el dominio de territorios; con grandes hechos de muerte que marcaron la agudización de la violencia. Los grupos armados como los paramilitares se tomaron la ley en sus manos, ajusticiando a la gente por ser ayudante de la guerrilla o pertenecer a cierto partido político de la época, conllevando esto al desplazamiento civil a las grandes capitales e incluso a la muerte.

Uno de los mayores propósitos de la guerrilla en Antioquia fue la toma de la vía Medellín-Bogotá entre marzo y abril del 2002, por lo cual nace en agosto de 2002 la operación “meteoro”, con el fin de contrarrestar y recuperar el control de estas vías afectadas por la violencia, lo cual conlleva a la creación de diferentes operaciones por parte de las Fuerzas Armadas, permitiendo al ejercito llevar a cabo la lucha contra las guerrillas, sin embrago, estos grupos no bajaron la guardia y tras la presión por parte de la armada deciden tomarse los campos y las zonas montañosas con el fin de sembrar minas anti persona, impidiendo así la labor por parte de estos entes.

El oriente Antioqueño ha sido una de las regiones más afectadas por el recrudecimiento de la violencia, puesto que en esta zona han incursionado alrededor de cuatro frentes guerrilleros y tres estructuras de las autodefensas, acrecentando así una problemática de lucha entre poderes, apropiación y uso de un enorme potencial económico. Atentando contra los civiles y generando así una situación de desplazamiento y violencia en estos municipios.




[1] Desplazamiento forzado en Antioquia, No. 6., Secretaría Nacional de Pastoral Social, Sección de movilidad humana. Bogotá, mayo de 2001.
[2] Desplazamiento forzado en Antioquia, Op.Cit.